Happy world
It’s a happy happy world and a happy happy day
Pues aunque un poco tarde, comentaré como fueron mis últimos momentos en Japón.
Cuando hice mis maletas y toda la pesca, fui a hablar con Toshi, el casero, para que me diera mis 20000 yenes de fianza. Le pillé un poco como con prisa, pero yo quería acostarme pronto, así que le dije que cuanto antes mejor. Como tenía que terminar de arreglarse, me fui a charlar con Adam a su habitación y a jugar con Rodney. Le pregunté que qué iba a hacer con su vida cuando volviera a Londres. Y la respuesta fue que sacar dinero para poder volver a viajar. Por fin me dijo qué demonios buscaba: un hogar. O en sus propias palabras: “un país en el que le guste vivir”. Obviamente sus palabras estaba en inglés, jeje.
Cuando salió Toshi miró mi habitación en busca de cosas malas. No paraba de coger el futón y levantarlo para ver el colchón, solo que únicamente de una esquina… Miró debajo de la cama, me había dejado una bolsa para tirar, y la cogí para hacerlo después. Miró muebles y tal y me dijo que pusiera las sábanas que había quitado y lavado, que estaba prohibidísimo de la muerte dormir sin ellas, porque si no había que pagar la limpieza del futón aparte. Le dije que vale y me devolvió la pasta, le dije que estaba contento con la casa, ´´el que había sido buen inquilino y que me fuera a sobar. Le dije que en cuanto acabara la conversación con Adam.
La historia está en que la habitación en el fondo estaba hecha unos zorros. Había manchas en las paredes, en la estantería, en la mesa… No dormí con sábanas desde la primera semana, los rellenos de virutas de madera que había dentro de unas barras de decoración que yo usaba de colgadores estaban desaparecidos… Que le den.
Un rato después, me fui despidiendo de la gente. Tobi, que estaba charlando con la novia, Paul, que en el fondo sé que no le caía bien, pero fuimos educados, Mike, que tenía que currar al día siguiente, André, al que no creo que le vuelva a ver nunca, Didac, el cual me dio un bonito paracetamol de un gramo porque no podía con mi vida de lo que me dolía la cabeza y Caro, a la que le estaba escribiendo una nota porque creía que estaba sobada cuando llegó empapada de la calle porque llovía a mares. Nos dimos un abrazo y me dijo que no era brasileño definitivamente porque no abrazaba efusivamente. Adam no quiso decirme adiós, dijo que lo haría por la mañana aunque tuviera que pernoctar. Y con Toni quedé en que me acompañaría a la estación por la mañana. Johanna no estaba, pero tampoco estaba muy unido a ella. Y Kate no había vuelto del curro, así que les pedí que la dijeran adiós de mi parte a mis amigos. Como apunte, añadir que mis amigos me dijeron que echarían de menos la forma que tenía de insultarles…
A la mañana de la partida, Adam llamó a mi puerta para que supiera que estaba levantado y que cuando acabase fuera a despedirme. Desperté a Toni y me preparé. Cuando me marchaba, estaba Kate en la cocina, así que me alegré de poder decirle adiós. Ojalá encuentre felicidad en la vida. Adam fue el último en la casa del que me despedí. Sé que nos volveremos a ver, pero es muy posible que sea dentro de diez años en un país completamente random. Y nos gustará a los dos.
El camino a la estación fue horrible. Cómo llovía, qué frío hacía… menos mal que me acompañaba el chico este. Y aun así me empapé. En la estación nos dijimos adiós, y dije adiós a Hibarigaoka, mi casa por dos meses. Fui hasta Ikebukuro y allí iba a coger el express a Narita, el aeropuerto, pero iba a pasar muy tarde, así que me mandaron a Shinjuku para ello. O a Shibuya, no lo recuerdo. Allí me recorrí dos veces el camino hacia el tren porque me olvidé que tenía que comprar un billete aparte. Y el andén estaba en Mordor. Pero lo cogí bien. Ya en Narita, facturar fue fácil, en una máquina de esas rápidas. No me pusieron pega con mi maleta grande ni con la pequeña, y a embarcar, no sin antes comprar tabaco hope, el que fumaba Ken, en la tienda Tax Free.
Ya en el avión, me encontré con una pareja de españoles. Me dijeron que al principio hablaba muy raro, que construía las frases mal. ¡Es que pensaba en inglés! Pero poco a poco me recuperé. Les dije que tenía que estudiar, pero no lo hice. Me vi cuatro películas (Goemon, April bride, y las dos de Death Note) y estuve escuchando música. Cuando llegamos a Amsterdam compré unas semillas para mi abuela y me bebí una Heineken con otro de esos sandwiches secos de la otra vez, pero este fue crujiente de bacon con huevo. Embarque de nuevo, estudio en el avión, y llegada a Madrid. Llamé a mi madre, ya que tenía que esperar a que las maletas llegasen. Llamé luego a mucha gente para charlar con ellos por fin tras dos meses sin móvil. Ayudé a una mujer a coger su maleta, cogí la mía, y llegué al calor del infierno.
Y el resto ya lo contaré en otra ocasión, porque sigo pensando en seguir el blog a menudo, contando mi vida.
¿Por qué esta canción? Porque soy feliz por primera vez en mucho tiempo. Y no voy a permitir que nadie me robe mi felicidad. Esta ha sido la mejor decisión de mi vida, así como la mejor experiencia.
Gracias, Tokyo.
Blue 4 u – Happy world
YMCA
It’s fun to stay at the YMCA, it’s fun to stay at the YMCA, you can get yourself clean, you can have a good meal, you can do what about you feel…
Qué asquerosos los de la oficina de correos. No me dejaron enviar las cosas al principio porque no tenía dirección física en Japón, con lo que tuve que hacer tres viajes con un sol que te cagas cargando un bulto enorme y pesado. Qué poca gracia. Pero al final conseguí mandar algunas historias a España, así como una postal que tenía pendiente. A ver quién llega antes, si los bultos o yo.
El viernes fue espectacular. Era mi despedida en Capi, así que fuimos bastante gente (Toni, Tobi, Brenton, André, Mike, Adam, Caro y Kate) a un todo lo que puedas beber por 3000 yenes desde las 2030 hasta que nos fuéramos… Y qué pedo se pillaron algunos, vaya tela. Toni ni se tenía y Tobi iba haciendo unas eses que ríete tú. De hecho este último estaba rojo porque había ido a la playa durante el día y se había quemado que te cagas. Por otro lado, Master me regaló una botella de tequila del caro de importación desde México con amor, que no me dejó compartir con los demás, por mucho que le dijera que no me gustaba el tequila. Hoy se la beberán mis amigos a mi salud, ya que yo de eso no bebo. Al irnos de Capi, Brenton y yo nos fuimos al bar de la señora vieja al que fuimos otra vez, a tomarnos una copa mientras la mujer nos alimentaba a base de sushi y de edamame, que son judías verdes dulces, aunque en realidad son familia de la soja. Al llegar a casa, tuve que hacer la colada, y mientras tanto me encontré a Adam pululando por ahí, así que nos pusimos a perder el tiempo. Me enseñó a su nueva mascota, Rodney, uno de esos bichitos que tienen campos electromagnéticos en las patitas, salamanquesa o como se llamen. Luego fuimos a cazar mariposas porque el bicho no se había comido su escarabajo ni su grillo, y volvimos a la infancia por un momento. Para rematar, acabamos rebautizando al lagarto y a las dos mariposas: Rodney Blossom, la mariposa que comparte jaula con él es Toni Bubbles Buterfree, y la que está esperando su turno de morir tiene otro nombre relacionado con las Supernenas que no me sale ahora.
Al día siguiente me quería morir. Qué mal me encontraba, y es que me estoy poniendo malo amigos, pero no se lo digáis a los de las aduanas, que si no me dejan en este país o algo. Aun así, salí con la gente al karaoke en Shibuya, toda la noche cantando entre ochenta y cien canciones, Tobi, Adam, Caro, Paul, Mike, Johanna, André, y una compañera de estos. Qué bien me lo pasé, pero que dolor de cabeza tenía jejeje. Se suplió con un poco de cerveza. Qué despiporre. No sabéis lo contentos que se pusieron los alemanes cuando empecé a cantar la de Yes sir, I can boogie, brutal. Pero las mejores actuaciones fueron una suerte de gay canciones que cantamos a duo Mike y yo, Gasolina por mí, y YMCA por todos. Luego cuando volvimos, cenamos por última vez en Matsuya y a mimir.
Y como solo he podido dormir dos horas vete tú a saber por qué, me he puesto a hacer las maletas, dándome cuenta que no me caben todas las cosas en dos, así que tendré que deshacerme de algunas camisetas, o hablar con Toni para que me las envíe el lunes cuando me vaya.
Porque estas son mis últimas horas en Japón… Y ahora soy yo el que abandona Hibari House.
Village People – YMCA
Heaven
Baby you’re all that I want, when you’re lying here in my arms, I’m finding it hard to believe, we’re in heaven
Odaiba es el paraíso.
Ayer fui feliz, y simplemente visité una parte de Tokyo. Fuimos Caro y yo a Odaiba, que es como una isla artificial en la que hay mogollón de atracciones turísticas y centros comerciales.
La primera parada fue el edificio de Fuji TV. Tenía que ir allí porque varios capítulos de Digimon se situan en ese lugar. Es friki, pero cada uno elige sus razones. La pena es que no pudimos ir dentro porque no entendíamos si había que pagar, o no, o qué demonios.

Tras ello nos dimos un paseo por un parque, sin rumbo definido, siguiendo a la masa como corderitos (efectivamente, yo iba balando, me parecía gracioso). Acabamos encontrándonos con otra de las cosas que habíamos venido a ver: la escultura de un Gundam tamaño real.

Absurdo que te cagas, pero coño, mola, Japan is different. Tras ello, teníamos tanta hambre que nos fuimos a un centro comercial. Y llegamos al cielo. El restaurante se llamaba Monsoon, y era de estilo Asia-Pacífico. Lo primero que hicimos fue ver los cócteles, y tomarnos ella uno de Mango, yo una sangría tropical. Cuando me la acabé, apareció un camarero de la nada para preguntarme si quería algo más de beber. ¡Qué eficientes, coño! Nos pedimos ella una leche de coco con piña y yo un mojito de piña. Espectaculares. Aquí la carta de bebidas:

La comida estuvo exquisita. Pollo frito picante con salsa aun más picante y pan chino al vapor como entrante, y para comer arroz salvaje con cerdo a la piña picante. Delicioso es poco. Creo que eso era ambrosía. Lo único malo fue que a la primera chica se le olvido darnos agua (en todos los restaurantes de Tokyo, siempre gratis y fresquita), pero se suplió con creces, ya que cuando les llamabas, CORRÍAN a servirte. Y encima nos salió super barato: dos entrantes, dos platos enormes y cuatro cócteles por 5000 yenes, que son como 37 € entre los dos. Creedme, barato para lo bien que puedes comer.
Tras ello, el postre fue un helado de chocolate de la marca Godiva, super bueno. Se llamaba “Dark Chocolate Decadence Chocolixir”. Imaginaos, sorbete de chocolate con trozos de chocolate, algo de nata, y sirope de chocolate. Mientras me lo tomaba nos acercamos a la imitación de la Estatua de la Libertad, más pequeña que el Gundam, pero había que verla. Y tras ello, a la tienda de la Shonen Jump. ¡Cómo molaba! Merchandising de One Piece, Naruto, Bleach, Gintama, Tennis no Oojisama, Dragon Ball… Arrasé.
Luego fuimos a otro centro comercial, en el que compré un montón de regalos. Había cada cosa rara que flipas, pero lo que más molo fue Little Hong Kong, el ambiente parecía completamente descontextualizado. ¡Estabamos en China!
Al terminar, mientras me tomaba un cacao con hielo y me fumaba un piti, vimos a una mujer con un mono al que le obligaba a hacer equilibrios.Acto seguido acompañé a Caro a su primer sex shop. ¡Super Ebanista!
Tras ello, ya era de noche y estábamos reventados, así que fuimos a sentarnos en la arena de la playa. Qué gozada, que tranquilidad. El mar mesmeriza. Las vistas increíbles, el canal con los barcos y sus innumerables luces, el puente enorme cruzándolo y al fondo la Tokyo Tower, reproducción en rojo de la Torre Eiffel. Visitamos una vez más le Gundam, y nos fuimos a casa.
Cuando llegamos, fuimos al Matsuya, restaurante entre tradicional y de comida rápida, que tiene platos deliciosos y baratos, a cenar un bi bim don, sucedáneo del koreano bi bim bak, o viceversa, no lo tengo claro, y a casa.
Y hoy toca ir a la oficina de correos a enviar cosas para no pasarme del peso permitido en mi maleta, el tour por Tokyo para terminar de comprar los regalos, y mi fiesta de despedida en Capi. Mañana informo.
DJ Sammy – Heaven
El final del verano
El final, del verano, llegó, y tú partirás.
Sin lugar a dudas, esta ha sido la despedida más dolorosa que he tenido desde que estoy en Japón.
La fiesta de Ken empezó con el susodichi sujeto llegando una hora tarde, sin avisar hasta que le llamé desde una cabina y, al estar en el tren y no poder cogerme el móvil, mandó un mensaje a Mike diciendo que se retrasaría. Hay que joderse, menos mal que los japoneses son famosos por sus modales impecables, jajaja, pero yo no me puedo quejar, por supuesto.
Mientras le esperábamos Caro, André, Adam, Tobi (que se había ido a cenar), Mike y yo, había un japonés sentado a nuestra mesa. Vivimos uno de los momentos más besuguiles de mi estancia nipona: el hombrecillo estuvo intentando más de cuarto de hora decirle a André que él era “amplio”. En el sentido de que a veces aparenta 20 años y otras 30. Esto sin conocerle de nada. Qué estupidez… para haberlo vivido. Al menos el señor dejó claro que André no era sexy jajaja. Luego (léase con voz de Antonio Gala) subióse la camiseta y a mostronos su abdomen quemado por el sol, rosado palpitante. WTF es poco para describirlo, de verdad.
Cuando Ken ya llegó, y después de llamarle tardón, me fui a comprar tabaco de la navidad con él y al volver estuvimos bebiendo todos. La verdad es que estuvo bastante animado, sin el señor molestando. En un momento de la noche André cogió la guitarra y se puso a tocar y a cantar, y Ken nos enseñó las fotos del día anterior, cuando subió al Monte Fuji con dos de sus amigos, Masa y Yayaya (es un mote, no os preocupéis, es que los kanjis de su nombre se pueden leer así, desgraciadamente para él, ya que parece un grito de mariachi). Cumplió la promesa que me hizo de beberse algo en la cima. Quedamos en tequila, pero como no había se metió unos lingotazos de whisky el amigo. Luego normal que se tropezara y se hiciera polvo la rodilla. Vaya herida más fea que tenía. Le hicieron un vídeo y todo de cuando se la curaron sus colegas y él se retorcía de dolor. Tengo que conseguirlo como sea.
Cuando la guitarra se quedó libre, le recordé la segunda de las promesas que me hizo: tenía que tocar. Como es tan extremadamente tímido, mientras el resto iba a lo suyo nos apartamos a otro lado del bar y así pude escucharle hasta cantar. Y lo hace bien. Y la guitarra la toca mejor. Le dije que dejara de ser tímido porque ya me molaría a mí poder tocar así algún instrumento musical. Luego estuvimos charlando y bebiendo apartados, y renovamos la tercera promesa: volver a vernos en España el verano que viene.
Tras ello, sobre las 0200 nos fuimos de Capi al parque Wampaku. Allí seguimos bebiendo y tal. Como me entraron algo de náuseas, exageré un poco para que no tuviera que jugar ni al escondite ni a la barra de equilibrio. Por cierto, André, que iba con chanclas, se metió un guarrazo de campeonato, rodeando la barra con su cuerpo antes de caer y seguir croqueteando. La herida de unos 15 ó 20 centímetros de su brazo lo atestigua. Rejuas.
Cuando terminamos, Ken se fue despidiendo de todos. Obviamente de mí el último, porque habíamos quedado en que iría para su casa para que me pasase todas las fotos que había ido haciendo de todos los días con nosotros, y las canciones de su grupo para poder escucharlas. También habíamos planeado en dormir en su casa, pero no tenía futones de sobra ni almohadas, y se tenía que levantar a las 0900, así que pasamos de ello. Pero obviamente en su casa cayeron más cervezas, que compartimos como buenos amigos. Charlamos un poco más, le regañé por no haberse limpiado la herida (tenía tierra todavía), y encima se iba a India en unas horas; él vería, es su rodilla, pero si le come la mugre no será porque no le dije que hiciera lo correcto.
Y además, me contó que tenía un regalo para mí. Pero volvimos a la calle de la timidez, esquina con la avenida de la vergüenza, y me dijo que era incapaz de dármelo, que lo dejaría en Capi y que pasara a recogerlo. Hay que joderse… Luego, al despedirnos, abrazo fuerte (cosa que los japoneses solo hacen en casos muy especiales o con gente a la que quieren mucho) y a dormir.
El siguiente día obviamente fui a Capi, pero antes me pasé por Ikebukuro para empezar a comprar souvenirs. Me agencié un iPod nano azul por unos 40 € menos que en España, así que la cosa estuvo bien. A la vuelta, a Capi porque quería mi regalo, ¡pero no existía! Master no tenía ni idea de lo que le hablaba, así que a casa me fui pensando que o se lo había quedado, o que había estado tan borracho cuando Ken se lo dio que lo había olvidado.
Los dos siguientes días me los pasé durmiendo, ya que el domingo por la noche me quedé en el salón hablando con Caro y con Didac, un español de un pueblo de cerca de Barcelona, que le encanta el castellano, que estudia antropología por su cuenta, y que es más raro que un perro verde con topitos blancos y friki hasta la saciedad. El martes por la noche estuve bebiendo en el salón con mis amigos y luego hablando con Caro hasta altas horas, y encima habiendo quedado a las 1230 del miércoles para ir con Tobi y con ella a un parque cerca de Tokorozawa. Así que no dormí.
E ir a un parque de empalmada cansa. Sobre todo si tiene tantas cuestas. Y si no te gusta la naturaleza, como a mí, pues peor. Qué cachondeíto se traían los amigos, que como me dan asco los insectos, y si vuelan, más, no pararon de picarme y hacerme coñas como que me atacaban los bichos. Pero la verdad es que el mini bosquecillo era muy bonito. Me recordó a Navaluenga un montón.
Tras ello tuve que beberme una botella de té con leche para mantenerme despierto hasta las 2000, en las que Tobi entraba a currar, porque me dijo que el día anterior la hermana pequeña de Ken había dejado mi regalo en el bar. Si es que lo tenía todo pensado, qué tierno.
Y con un sueño que no me tengo aquí ando ahora, escribiendo para satisfacer mi ego. Mañana toca Odaiba, y pasado tour por Tokyo y fiesta de despedida mía en Capi. Sábado significa karaoke nocturno con todo lo que podamos beber, y domingo día en que tengo que limpiar mi habitación y hacer la maleta. El lunes, volar hasta casa.
El fin se acerca, pero significa un nuevo comienzo.
El dúo dinámico – El final del verano
Top 20: 90′s
Toca el turno a la década que más me gusta. Un top 10 de verdad que se queda corto para mí, así que voy a hacer un top 20. Ahí van las canciones:
20 – 1999 – Lùnapop – Vespa Special
19 – 1993 – Whigfield – Saturday night
18 -1999 – Gigi D’Agostino – Bla bla bla
17 – 1996 – Spice Girls – Wannabe
16 -1997 – Roxette – Habla el corazón
15 -1999 – Plumb – Stranded
14 – 1998 – Vengaboys – Boom, boom, boom, boom
13 – 1995 – Raimundo Amador – Ay qué gustito pa mis orejas
12 – 1991 – Chimo Bayo – Así me gusta a mí (x-ta sí, x-ta no)
11 – 1997 – Aqua – Doctor Jones
10 – 1998 – Storm – Storm
9 – 1998 – Dario G – Carnaval de Paris
8 – 1991 – Mecano – Dalai Lama
7 – 1997 – Sash! – Ecuador
6 – 1999 - Ace of Base – C’est la vie (always 21)
5 – 1999 – Eiffel 65 – Blue (da ba dee)
4 – 1990 – Kaoma – Lambada
3 – 1999 – Blondie – Maria
2- 1995 – Amistades peligrosas – Me quedaré solo
1- 1999 – The Offspring – The kids aren’t alright
Y me han faltado tantas…
Bad boys
Bad boys, bad boys! Whatcha gonna do, whatcha gonna do when they come for you?
Recapitulemos la semana.
El lunes por la noche fuimos de nuevo de botellón al parque Wampaku. Esta vez André, Tobi, Johanna, Adam y yo. Hubo momentos realmente desagradables, como cuando nos caían gotas que creemos que son el pis de los maravillosos y abundantes insectos que pueblan todo Japón. Ascazo total. También corroboramos que André se pone muy estúpido cuando bebe y que se cree que si pide perdón al día siguiente es válido. ¡Ay, que estar borracho no vale de excusa!
El martes habíamos quedado con Ken, pero él pensó que era en el parque cuando nosotros íbamos a ir a Capi porque Tobi curraba, así que le mandé un email que no leyó hasta que fue a Capi antes que nosotros y Tobi le comentó. Entonces él fue para casa para contestarme mientras Mike y yo estábamos de camino al bar. Cuando llegamos le pedimos a Master el móvil de Ken, pero nos dio uno que no era. Al final apareció Ken y aun así Master quería darle el móvil de Ken a Mike… No se entera de nada. Luego fuimos los cuatro al parque de nuevo, y estuvimos jugando al escondite y a ver quién llega más lejos aguantando el equilibrio caminando sobre una barra de metal. Sí, y tenemos todos de 20 a 26 años. Encima me manché las rodillas de tierra, jajaja. Lo único bueno es que no me la ligué nunca y que no perdí al equilibrio, pero por poco.
El miércoles fue un día normal, relajadete, en el que no quería beber, y me lo pasé sin hacer nada. Pero al final a las 0000 salimos Tobi, André y yo a por una lata de algo al 7 eleven, uno detrás de otro, jajaja.
El jueves me dispuse a hacer algo, así que me fui con Mike a Ikebukuro (trayecto que dura 20 minutos y que hicimos en 45 porque lo trenes se habían fumado algo y estuvieron parados mazo de tiempo, supongo que porque alguien se tiraría a la vía, que aquí es muy común) a comprar souvenirs. Y eso hice, me compré un ipod nano de 16 GB y un adorno para mi habitación, así como un puzzle de One Piece, de Nico Robin, Luego nos pasamos por Capi y nos volvimos pronto, que mis amigos querían jugar en red al Command & Conquer. Yo pasé olímpicamente, por supuesto, no me mola ese juego.
Y hoy es la verdadera fiesta de despedida de Ken. A ver lo que nos depara la noche a todos, que vamos a Capi en principio, y después donde nos lleve el viento.
La canción viene a son de que en Japón solo los chicos malos beben en la calle y en los parques, jajaja. Hay que joderse. Aparte, Tobi siempre la pone en su móvil.
Bob Marley – Bad boys
Hoy no me puedo levantar
Me duelen las piernas, me duelen los brazos, me duelen los ojos, me duelen las manos.
Vaya nochecita la de ayer… Qué bien me lo pasé.
Fuimos Mike, Adam, Tobi, Ken y yo a beber a un parque cerca de casa, con columpios y tal y unas mesitas de picnic muy monas y muy útiles para dejar las latas sobre ellas. También se trajo Ken unas bengalillas para hacerlo más bonito.
Pero qué melocotón nos pillamos. Yo ni me tenía en pie en un momento de la noche. Hasta me caí en la arena mientras iba andando… y parece ser que ni siquiera intenté poner las manos, caí como un tronco. Los otros cuatro jugaron al futbol-cangrejo, que es jugar a cuatro patas boca arriba y tal. Qué espectáculo. Creo que me subí a un tobogán y me tiré. No lo tengo muy claro. Al final Mike y Ken no podían ni con sus almas, literalmente para este último. Tuvimos que llevarle hasta casa, entre Tobi y yo, aunque luego Tobi tampoco podía con él y se limitó a seguirnos. Mike haciendo el loco con la bici… Un trayecto de cinco minutos se convirtió en cuarto de hora. Y cuando llegamos a su casa hicimos tanto ruido que su padre bajó a por su hijo, que no sabía abrir la puerta… Lo cachondo será cuando vaya a comer a casa de Ken, que me ha invitado si su madre puede, que tenía no sé qué planes, y su padre me reconozca como “aquel que depositó borracho a mi hijo en casa”. Hay que joderse.
Y hoy me he levantado con dolor. Tengo dos ampollas, una en el índice de la mano izquierda, provocada por una bengala que no solté porque soy así de feliz, y otra en el pulgar derecho porque al encenderme un cigarro creo que quería fumarme el dedo también. Había hasta una costra negra. El resto de dolores no sé de donde provienen, pero mis dos hombros, mis dos caderas y mi rodilla derecha van a tener moratones fijo. Mi dedo gordo del pie derecho tiene media uña arrancada y negruzca, como de una patada.Como bonus, mi cama estaba llena de arenilla, del parque supongo. Bastante incómodo, por cierto.
Y solo bebí tres latas de algo que sabía a limón y que decía que tenía ocho grados en tres horas.
Pero me lo pasé tan bien.
Mecano – Hoy no me puedo levantar
21st Century (Digital boy)
‘Cause I’m a 21st Century digital boy, I don’t know how to read but I’ve got a lot of toys.
El día 11 fue el cumpleaños de André, así que fuimos a celebrarlo Johanna, Caro, Adam, Paul, Mike y tres amigos suyos de la academia. Tobi en teoría debería haber venido, pero si no duermes por la noche ni por la mañana, por la tarde estás como muerto. Para comer fuimos a una pizzería en Ikebukuro, en la que por 1050 yenes, unos 6 ó 7 euros, tienes buffet libre de pizzas, pasta, ensaladas y postres. Super barato, y te hinchas como un hijo de puta. Eché de menos en ese momento a Óscar, Carlos e Iñaki, que sé que se hubieran puesto como cerdos.
Luego fuimos a un karaoke. Nuestra idea era pedir un “todo lo que puedas beber” versión etílica, pero Adam tiene 19 años, así que en este país no puede beber legalmente, con lo que nos conformamos con bebidas light. Y empezamos a cantar de todo… Yo canté Poker face de Lady Gaga, Material Girl de Madonna junto con Caro porque no se sabía el ritmo, las chicas cantaron Beyoncé hasta quedarse agusto, André cantaba lentas, la amiga canadiense pero china de nacimiento de André, Winnie, cantó en coreano la que nos sonaba a todos pero que no pudimos descifrar, Mike tenía ideas descabelladas y cantaba desde Moskau de Dshingis Khan a New in town de Little Boots, pasando por algunas en japonés, como Polyrhythm de Perfume, mientras Paul hacía lo propio con Panic at the disco y a mí me dio por el punk-rock y me marqué la canción que da título a esta entrada, así como Americana de The Offspring, a lo que Caro respondió con Good Charlotte, y luego pidieron la Macarena, Livin’ la vida loca de Ricky Martin, y para darme placer a mí mismo, Paint it black de Rolling Stones. André y Adam nos deleitaron con la canción de la película de Aladdin, y ya casi al final los chicos, excepto yo que no me sé la letra en absoluto, cantaron Bohemian Rhapsody de Queen. Como colofón final, nos marcamos entre todos la de Wannabe de las Spice girls. Un puto show, de los que quiero repetir.
Y al llegar a casa yo estaba cansado y me fui a la cama. Pero André teía otros planes. ¡CINCO MINUTOS GOLPEANDO MI PUERTA PORQUE ERA SU CUMPLEAÑOS Y QUERÍA BEBER CONMIGO! Y con todos, dicho sea de paso, pero qué pesado. Le mandé al infierno, me puse música, y en algún momento me dejaría en paz. El caso es que cuando me levanté por la mañana me encontré a Mike que me comentó que la liaron parda esa noche. André se pilló el pedo del siglo y no paraba de gritar, y Adam le siguió en sus alcohólicos derroteros y desfasó brutalmente. Tanto que se cayó dos veces por saltar sin tener ningún sentido del equilibrio y casi se rompe el cuello en la segunda, ya que quedó en forma de ele entre el suelo y el sofá, con el cuello doblado de mala manera. Pero si estás borracho nunca te rompes cosas, parece ser. Será que el alcohol te da resistencia o elasticidad. Parece que el par de dos se pusieron a gritar un montón en el segundo piso, y a golpear la puerta de alguien que no era, porque Adam buscaba los testículos de Mike, a los que se pasó agarrando bastante tiempo… Nunca dejan de sorprenderme. Luego Toshi salió super enfadado y todos se fueron a dormir, o a caer en coma.
Más tarde me encontré con André, que sabía que se había portado mal, pero no tenía ni zorra de qué había hecho concretamente, así que se disculpo de manera estándar por si acaso había hecho algo, y me fui con él a Shin Ookubo a buscar a Johhanna tras salir de la academia y comer algo en un coreano. Lo primero no lo hicimos, lo segundo sí. Qué buena está la comida de ese país, la recomiendo con creces. Creo que lo que comí se llama “bi bim bak” o algo así, y es arroz con salsa picante, verduras, huevo, carne o lo que quieras echarle. Qué hambre me entra de solo pensarlo. Luego a la noche me fui solo a Capi, ya que me aburría y Tobi curraba. Me encontré con Ken que estaba con un amigo. Habían ido a la playa ese día y tenía las piernas completamente quemadas. Le pregunté que por quée no tenía así el resto del cuerpo y me respondió que es tan tímido que no se atreve a bañarse porque no quiere quitarse la camiseta… Pues él verá. Cuando llegué, Ken ya tenía agarrado un bonito mascuerzo, pero le convencí para que cuando saliera Tobi, nos fueramos al 7 eleven a comprar alcohol barato y tomarlo por ahí cerca. Qué diversión, nos pusimos a comparar onomatopeyas, sobre todo de animales, en inglés, alemán, japonés y castellano. Y luego hablamos de juegos para beber. En Japon tienen dos más famosetes, o eso me dijo Ken: uno, llenar una jarra de cerveza hasta casi arriba, pero sin rebosar, y luego, por turnos, ir echando monedas del valor que quieras para que el nivel vaya subiendo, y si se te sale el líquido, te bebes la jarra, y tienes que tener cuidado para no comerte una moneda; el otro es con una baraja francesa, con los comodines, en la que por turnos sacas cartas de un mazo, desde 1 hasta 10, y si te toca el Joker, bebes. Parece absurdo, pero es muy rápido y es fácil perder. Más tarde se nos unió Adam, que había percibido en la Fuerza que estaríamos tomando algo en la calle. En fin, ese día volvimos a casa a las 0600.
El jueves estuve casi toda la tarde en la habitación, y cuando salí para comprar mi comida me encontré con Mike y quedé con él para volver a Capi. Y volvimos a hacer lo mismo que el día anterior, beber a las puertas del conbini, que es como llaman los japoneses a las tiendas 24 horas, del inglés convenience store. Realmente, eso lo suelen hacer los chicos malos o los grupos cool de jóvenes japoneses, pero claro, ante un grupo de gaijin (extranjeros), no se atreven a tosernos. De hecho incluso hubo gente que como les quitamos el sitio, se tuvieron que ir. Qué tiernos. A las 0500 en casa, con un trozo interesante porque casi no comí ese día.
El viernes fue incluso más marmotil, y no había casi nadie en casa, solo Mike y Adam. Nos vimos una peli de Scorsese, The departed (Los infiltrados), y luego me fui a mi habitación, pero Adam quería salir y me fui con él a Capi. Nos volvimos a encontrar a Ken, que dijo que llevaba un pedo interesante por haber estado bebiendo cerveza 6 horacas con sus amigos en casa de uno de ellos, y me dijo que tenía una gran laguna sobre lo que pasó el miércoles (si es que hasta estuvimos hablando de sexo con él, tema extremadamente tabú entre ellos, momento super ebanista por cierto), pero que se acordaba de que me invitó a comer a su casa, que su madre haría comida tradicional japonesa. La razón es que se lo pasa bien conmigo y somos colegas, cosa que creo, pero hay algo más: en Japón, la gente ve a los occidentales como atracciones con patas, les resultamos diertidos de mirar y de alimentar, somos como osos panda o algo así. Qué se le va a hacer.
Hoy hemos quedado con Ken también, para una fiesta de despedida, que el perro se pira el 20 a India un mes, y dice que solo va a comer curry. Sus almorranas futuras lo mismo le persuaden de repetirlo otra vez, jaja. A ver si nos animamos y nos vamos a un karaoke cuando terminemos o algo. Lo bonito de Japón es que puedes beber en la calle sin que nadie te mire raro, porque aunque se emborrachen, son ordenados y limpios. Si te emborrachas mucho, puedes dormir en la calle, que si la policía te ve solamente te preguntarán si estás bien (o al menos si no has fallecido) y si el metro o el tren están abiertos, te acompañan hasta él.
¡Viva el botellón japonés, coño!
Bad religion – 21st Century (Digital boy)
Top 10: 60s
Sigo con mis canciones favoritas por décadas, hoy le toca el turno a la década de los sesenta. Vamos allá.
10 – 1967 – Sandie Shaw – Puppet on a string
9 – 1968 – Miriam makeba – Pata pata
8 – 1968 – Patty Bravo – La bámbola
7 – 1969 – Salomé – Vivo cantando
6 – 1967 – Los bravos – La moto
5 – 1961 – Elvis Presley – Can’t help falling in love
4 – 1968 – Marisol – Corazón contento
3 – 1966 – Rolling Stones – Paint it black
2 – 1963 – The Beatles – I want to hold your hand
1- 1965 – France Gall – Poupée de cire, poupée de son
Con te partiro
Con te partirò, su navi per mari, che io lo so, no, no, non esistono più, con te io li vivrò.
No he hecho nada remarcable en estos días. La mayoría del tiempo he estado durmiendo en el momento en que mis amigos estaban despiertos, así que así a ningún lado he ido que ellos sí, a saber el club Atom y el parque Yoyogi de nuevo. Pero sí que les acompañé a una hamburguesería típica japonesa, cuyas hamburguesas estaban ricas, pero llenaban poco. Curiosidades: hamburguesa doble: 240 yenes. Hamburguesa doble con queso, 480 yenes. ¿Es que tienen que matar a la vaca para sacar un puto tranchete? Sin olvidar las especialidades, con salsa de curry y de gambas… Luego Caro nos hizo unas caipirinhas ricas ricas, y al sobre que me fui.
Como no hay mucho más de mi vida que narrar, pasaré a describir cosas de Japón. Este verano está siendo bastante poco común: mucha lluvia, poco o casi nada de sol, y menos calor que el de costumbre. Para los nipones está de puta madre, pero para mí no. La razón es sencilla: los putos bichos. Ellos están acostumbrados, pero a mí me dan asco. Y es que, amigos, aquí no trinan los pájaros, aquí cantan las polillas gigantes. A coro con las langostas y los grillos hipertrofiados. Qué ascazo. Cuando ves a una polilla tamaño puño es repugnante, pero el sonido que hacen… de otro mundo. Un mundo más vomitivo. Y el ruido que hacen cuando chocan con una pared es peor.
Las únicas aves que he visto son cuervos. Cómo no, cuervos gigantes. Los hijos de puta te llegan por el muslo, son como buitres. Y no graznan, sino que dicen “¡Ah!”. También hay algunas palomas, pero pocas.
Pasemos a los trenes. Aquí conocen las horas distintas de y cuarto, y media, menos cuarto y en punto. Cada minuto es importante. Eso sí, no son tan puntuales como parece, los trenes suelen salir un poquito después de la hora que tienen marcados. Pero si de tal a cual estación hay 16 minutos, 16 minutos tarda. Lo tienen todo calculado. Excepto cuando alguien se tira a la vía, claro. Por dentro, los asientos no son individuales, sino como sofás alargados, y te piden que te sientes cerca del de al lado, para que haya más sitio. Al techo hay una barra horizontal de la que cuelgan muchas abrazaderas, para que la gente no se caiga con los traqueteos. Pero ellos no se caen nunca, incluso cuando duermen (sí, solamente colgados, no les hace falta más para poder sobar). Para anunciar las estaciones, suelen hacerlo en japonés e inglés, el 80% de los casos. Anuncian también la siguiente parada, lo cual si no estás acostumbrado puede hacer que te bajes en la anterior, pero bueno.
Las estaciones son un caos. Están señalizadas en inglés también, lo cual es de agradecer, pero la gente camina como zombies totales. Y los cabrones no se chocan, y ni siquiera les hace falta hacer matrix. Están programados.
Por las calles es lo mismo. En la mayoría de las principales no se puede fumar ni aparcar, pero para ello bien te vas a una bocacalle, o bien en las cercanías de cada estación suele haber “jaulas” para fumadores, así como aparcamientos. No son jaulas propiamente dichas, ya que son abiertas, y fumas alrededor del cenicero, pero me mola llamarlas así. La anchura de las calles no principales suele ser de carril y un cuarto. Pero son de dos sentidos la gran mayoría. ¿Qué pasa cuando se encuentran dos coches? Que con cuidado y buena letra, consiguen pasar. Qué pericia tienen los hijos de perra, en España eso sería accidente asegurado, pero no, aquí puede haber dos coches en sentidos distintos, 4 bicis, 2 ciclomotores y 7 personas, que ninguno sale herido ni se inmuta de nada.
Hay, además, máquinas expendedoras de bebida cada 100 metros aproximadamente. Aquí no pasan sed. Y tiendas de conveniencia tipo 7 eleven cada 500 ó 1000 metros, donde hay comida y bebida algo más caras de lo normal, utensilios de la vida cotidiana, tabaco y hasta porno si te da la gana. Los supermercados suelen abrir de 10 de la mañana a 12 de la noche, con ofertas suculentas según avanza el día. Las tiendas normales abren un poco antes si acaso, y chapan a las 2000 o 2100. Luego están las tiendas de todo a 100 yenes, en las que casi todo cuesta aproximadamente 100 yenes, desde seis plátanos a doce huevos, pasando por una lata de atún, un bote de gel de baño o un plato.
Los sitios para salir suelen ser caros, ya sean bares, clubes, karaokes o izakayas. Pero suelen tener ofertas de todo lo que puedas beber o todo lo que puedas comer a tantos yenes, lo que no está mal. En los karaokes suele ser solo con bebidas no alcohólicas, pero ahí los japos demuestran algo de picaresca y se llevan mini botellas o petacas. Pero sobre esto hablaré otro día, ya que el jueves que viene es el cumpleaños de André y vamos a un izakaya baratito, con posible karaoke después.
Para terminar, he de decir que estoy viendo aquí más películas que en los últimos 10 años de mi vida, sin exagerar. Cada día caen una, o incluso dos. Y hasta le estoy cogiendo el gustillo. Por supuesto, en versión original. La canción de hoy viene a cuento de una peli que estaban anunciando el otro día demasiado, sobre unos japoneses que trabajan en Italia y cosas así (por cierto, se llevaron como a doscientos japoneses allá, porque en el trailer, de 70 personas que salían entre actores y figurantes, solo cinco eran occidentales), mientras veíamos la de “Regreso al futuro”.
Otro día, más.
¡Ah!, he de añadir que el otro día eché de menos a toda la gente con la que suelo irme a tomar un té o un café, porque me lo tuve que tomar solo. ¡Ya queda menos para volver a verme, cabrones!
Sarah Brighton & Andrea Bocelli – Con te partiro (Time to say goodbye)
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